Coches de alquiler para evitar el uso del transporte público
Era invierno y Beatriz muy temprano tenía que salir de su casa para dirigirse a la parada de bus donde debía esperar muchos minutos para poder movilizarse hasta su trabajo en el otro extremo de la ciudad. Con frecuencia tenía que lidiar con lluvias y hasta nevadas que se sumaban a las ya insoportables bajas temperaturas de cada mañana. Su esposo Felipe tenía que pasar por el mismo drama cada día, por desgracia no podía viajar junto a Beatriz, pues él utilizaba otra línea de bus. Ambos estaban cansados de tener que desplazarse durante tantas horas en transporte público y además soportar las bajas frecuencias en las que pasaban los buses. Un día una colega le dio un útil consejo a Beatriz, recurrir a los coches de alquiler para poner un punto final a sus incómodas travesías.
Ellos no habían adquirido su propio vehículo debido a los altos costes que ello significaba para sus finanzas, porque cuando se compra un coche también se obtienen otros gastos relacionados con el mantenimiento del vehículo y no estaban dispuestos a perjudicar aún más su presupuesto. La opción de los coches de alquiler les venía como anillo al dedo debido a que sólo tendrían que contratar uno de esos vehículos durante la temporada invernal y ni siquiera todos los días de la semana. Además, con un sólo coche podrían ir ambos a su trabajo, porque Beatriz sólo debía renovar su licencia de conducir y de esa forma pasaba a dejar y a buscar a Felipe. Así que ambos conversaron la idea y se decidieron a alquilar un coche para mejorar su calidad de vida.
Esperaron hasta que Beatriz renovara su licencia de conducir para ir juntos un fin de semana a una agencia de coches de alquiler para informarse sobre las tarifas de los servicios y cada detalle en los que tuviesen dudas. Quedaron muy satisfechos porque los atendió una ejecutiva que supo aclarar de buena forma todas sus preguntas, así que iban a regresar en unos días para retirar el coche que ya habían reservado. Se cumplió el plazo esperado y pudieron salir de la agencia en su propio vehículo. Al día siguiente era la gran prueba de fuego para ver si valdría la pena la contratación del servicio y cuánto tiempo ahorrarían cada día. Lo primero que disfrutaron fue que no tuvieron que sufrir con el frío de la mañana porque el coche tenía un buen sistema de calefacción. Ya con ese punto estaban muy satisfechos, pero lo que realmente hizo valer cada euro del alquiler era que redujeron en más de cuarenta y cinco minutos sus tiempos de traslado.
Días después sólo se preguntaban en qué habían estado pensando por no recurrir antes a un servicio que les mejoraría tanto la vida. Lo único que lamentaban a esas alturas es no haber tenido ese tipo de vehículos previamente, porque ya quedaba poco de invierno y pronto la primavera traería consigo días más agradables. Se acostumbraron tanto al nuevo coche que estaban empezando a considerar la compra de un vehículo propio. Ya no les importaban los sacrificios económicos que tendrían que enfrentar si eso iba a significar tanta mejora en sus traslados diarios.